Resentidos sociales -Erick Benítez Martínez-

Todo sobre teoría del anarquismo que no esté clasificado en los temas anteriores
Erick Benítez Martínez
Mensajes: 173
Registrado: Sab Ago 17, 2019 2:03 am
Has thanked: 6 times

Resentidos sociales -Erick Benítez Martínez-

Mensaje: # 232Mensaje Erick Benítez Martínez »

Imagen

El movimiento social es un hecho impulsado por injusticias cometidas desde el Estado o que bien exige justicia ante las omisiones de ese mismo Estado que en teoría es el regulador social para resolver las injusticias.
En este conglomerado de reivindicaciones las ideas se hacen presentes y son muchas las personas las que se vinculan de forma más profunda a las ideas sociales. Las reivindicaciones se hacen presentes ya no solo en lo inmediato de los reclamos de justicia: se transforman en reivindicaciones sociales que buscan cambiar la forma de organización social porque se ve que las injusticias sociales no son más que el resultado de un sistema profundamente injusto y que la solución va más allá de lograr los objetivos inmediatos: es preciso cambiar y/o destruir las estructuras sociales de la injusticia para que no se repitan los hechos que dieron origen al movimiento social que lucha contra la injusticia.
Al lanzar estas reivindicaciones ideológicas la gente se topa con la frase que por trillada ya es casi un lema del status quo “¡Resentidos sociales!” dicen los defensores del mantenimiento de las cosas tal como están. Unos por creer realmente que este sistema de muerte contiene las herramientas necesarias para remediar los fallos que el propio sistema propicia; otros porque en la existencia de ese sistema, pese a sus injusticias, obtienen privilegios políticos y/o económicos que no están dispuestos a poner en riesgo.
Como quiera que fuere, el Estado no reconoce que los esclavos tengan reclamos a sus actos: en su prepotencia, en su propio orgullo de elemento absoluto del organismo social, el Estado y sus defensores no reconocen que haya quienes cuestionen sus fundamentos ideológicos y organizativos. El absoluto no admite replicas, y el Estado, en la cuestión social, es la institución que se pretende inapelable, absoluta, capacitada, siempre según ella, para imponer su concepción de orden. Para ello cuenta con todo el aparato del gobierno que somete a los inconformes. El Estado es la pretensión del absolutismo social. Aunque sus matices puedan variar, aún en las tonalidades más claras basta con que se le ponga en duda, que se le niegue, que se le combata, para que suba a la superficie el absolutismo que mantenía escondido para cubrir las apariencias.
Pese a todo, los pueblos se rebelan aquí y allá, durante todos los tiempos, porque en lo social lo absoluto no existe, el organismo social le rechaza cuando se quiere formar, cuando rasga el tejido social buscando existir. Nunca, ni siquiera las dictaduras más crudas, han logrado suprimir del todo el descontento social. Las y los rebeldes existen siempre que haya Estado, demostrando con ello que son instituciones ajenas a la sana convivencia social.
¡Qué horror —parecen decir—que los esclavos quieran justicia, que exijan sus derechos! La plebe, el proletariado, los insatisfechos, los esclavos y sometidos por el sistema no deben tener reclamos.
El Estado permite los abusos del capitalismo; el capitalismo les explota hasta la vejez; el policía les abre la cabeza si protestan; el juez les manda a prisión si quieren derechos; el cura los manda al infierno —imaginario, claro está— si se rebelan; el fisco les finca impuestos abusivos; el gobierno le manda apalear, pero se les pide, se les exige que no reclamen nada, que no busquen justicia y que asuman su triste condición sin peros ni lamentos. En un sistema de esclavitud económica y política, ni siquiera exigir sus derechos se le reconoce a los pueblos.
La sumisión, la obediencia, las jornadas extenuantes de trabajo, el silencio de los sepulcros, he ahí todos los derechos que tienen las clases trabajadoras. Toda reivindicación es tachada de resentimiento, son revoltosos, flojos, gente que molesta con sus manifestaciones y exigencias. ¡Que se pongan a trabajar! Dice la voz de más allá, de otro al que también explotan pero que no se da cuenta porque puede pagarse una TV a crédito; repite lo mismo una voz más allá, ahora proveniente de un empresario que recomienda el trabajo que él nunca hace.
A todos los derechos negados a las clases trabajadoras se añade uno más: negarles siquiera defenderse. Ni siquiera se les permite pedir que se les deje de maltratar, que no haya injusticias, que se respeten sus derechos como personas.
Nuestras vidas transcurren entre trabajos agotadores, poco salario, abusos y robos de la policía y cuando pedimos justicia se nos dice que no seamos resentidos sociales. Es el símil del discurso del cura en la parroquia que le dice a quienes sufren en esta vida que lo mejor es resignarse, no reclamar, no buscar justicia, ser buenos corderos camino del matadero. Los amos —nos dicen— siempre han existido y siempre van a existir. Ellos y ellas tienen las riendas del mando y no hay nada que podamos hacer.
Pero a una injusticia le sigue otra, y a esa otra, y cuando queremos justicia nos mandan callar.
… el rencor anida en los corazones al ver tanta injusticia, tanta prepotencia, tanta vulgaridad convertida en virtud, la mentira convertida en verdad, la hipocresía convertida en diplomacia y las palizas en comisaría convertidas en orden social.
Lo que comienza como solicitud de justicia toma forma de idea, la idea toma forma de reivindicación, la injusticia toma forma de separación de clase y el resentimiento social se torna en lucha, en guerra de clases.
¡Por supuesto que tenemos resentimiento social!
Nadie que se precie de ser una persona humana, de tener un mínimo de dignidad, nadie que tenga sangre en las venas puede ver el espectáculo de la desigualdad social y no sentir desprecio por este sistema de muerte.
Que exista un mar de seres dóciles a doblar el espinazo no significa que en todas las personas haya muerto el sentimiento de dignidad y justicia. Siempre hay, siempre habrá gente con un alto sentido de dignidad. Esa gente, a la que pueden tachar como se quiera, es la que coloca topes al avance autoritario de todos los gobiernos.
Pueden llamarles resentidos sociales reivindicando lo absurdo de pedir que no se indignen quienes sufren las injusticias sociales. El nombre es lo de menos. Lo importante es que existe gente inconforme siempre, gente que no se deja pisotear tan fácil, gente que se levanta, que se organiza, que busca cambiar las cosas.
Entre el resentimiento social y los esclavos orgullosos, siempre será más digno indignarse que agachar la cabeza sumisamente ante los amos.

Resentidos, resentidas sociales, que su sentimiento se convierta en lucha de clases, en aniquilamiento total de un sistema injusto para el que no tienen siquiera autorizado indignarse.

Erick Benítez Martínez. Enero del 2026


“El campo de batalla del anarquismo, ínterin se espera la revolución social, tendría que ser la pluma, la palabra y el ejemplo […] Revolucionarios, meditad que la hora de nuestra emancipación tanto más tardará en sonar cuanto más tiempo permanezcamos en la ignorancia. Eduquémonos, instruyámonos, que el porvenir es nuestro”

José Llunas
Responder